Caminaba
por un cementerio, pero no me sentía melancólico o asustado. Era un lugar
hermoso , agradable, lleno de paz. El lugar en el que uno querría descansar
eternamente si al morir no le incineraran. Entonces me puse a mirar todas las
tumba, todas. Ahí estaban Cobain, Morrison, Lennon, Hendrix y los demás. Tumbas
llenas de vida, ¿captais el contrasentido? Tumbas de colores, llenas de flores,
cubiertas de pintadas de arriba abajo, preñadas de la devoción de los
irreductibles, aunque en ese momento sólo yo estaba allí. Por el suelo casi
podían verse las huellas de todas las lágrimas derramadas a través del tiempo.
Las lágrimas de la legión de los desaparecidos y desheredados que aún gritaban y
se lamentaban . “ Kurt.maldito cabrón, te necesitábamos”, “ Jim se que estás
ahí en alguna parte, llámame”, Te quiero, John, espérame”, “ ¿Por qué te
fuiste, Jimi?” . Pintadas llenas de sentido y sentimientos.
Y no
sólo estaban las tumbas de los que se fueron sino de los que un día lo harían,
Clapton, Reed, Jagger, Bowie, Mc Cartney…
Todos
los hermanos , los colegas, los que valían algo y representaban algo descansaban allí por los siglos de los
siglos, juntos.
Todos
menos yo.
Ahí
estaba la cosa, que no encontré mi tumba.
Así
fue como supe que no iba a conseguirlo, que siempre sería una mierda.”
Con
este fragmento de la novela nunca seremos
estrellas de rock del escritor español Jordi Sierra arranco mi ensayo
acerca de este género como una manera de identidad.
Desde
que tengo uso de razón los acordes de las guitarras eléctricas me han seducido como
sirenas cantando al unísono. Recuerdo también en plena efervescencia de mis quince
años la asistencia a conciertos de grupos como Los Prisioneros, Toreros Muertos
o Miguel Mateos. Ahora ya más crecidito tuve la oportunidad de presenciar a
METALLICA en el Parque Simón Bolívar y a THE KILLERS en el Jaime Duque, ambos
en Bogotá.
Mi
relación con el rock ha sido estrecha. La lista sería interminable de mi
devoción que profeso esos seres que emanan un derroche de propuestas que en ocasiones
conjugan voces estridentes con un performance exótico.
Sin
embargo la música, como las demás expresiones artísticas, generan una relación
con el entorno, esas manifestaciones se revelan en la manera de hablar y en la
apariencia estética. De ahí que no sea casual ver a los metaleros con largas
cabelleras, tatuajes en su cuerpo, botas y correas con taches, de igual manera
a los punketos con sus crestas, porque en el fondo son grupos etnográficos que
se gestan con el objetivo de encontrar una identidad que los diferencie del
otro y de cierta manera les ofrezca un status.
En
mi caso tuve un acercamiento al rock para buscar un distanciamiento con el
bolero y el tango, que era la música que escuchaban mis padres. Y es ahí donde
la música se convierte en un grito de libertad que consistía en mi encuentro
con mi autonomía.
Y
para mí queda claro que la música no es un simple telón de fondo. Es el Sound
Track del guión de esa película que se llama mi vida. La verdad no me veo
llevándole una serenata a una mujer que pretenda con mariachis, ni parrandón
vallenato, ni mucho menos un trío. Siempre he soñado con decirle a unos cuantos
amigos músicos que toquen canciones de Fito, Charly o Cerati.
Vivimos
en ciudades violentas, con desigualdad social y el rock es el lenguaje con el
cual exploramos el mundo que nos toca y depende de esa mirada es que expresamos
lo que sentimos. Ya el maestro rosarino Fito Páez nos había dado una muestra con
Ciudad de Pobres Corazones: “ En esta
puta ciudad todo se incendia y se va, matan a pobres corazones …”
Y continuando con la idea de que la música es
una postura del mundo en el que desembocan modelos de representación, se forman
ciertos guetos que por lo general
producen cierta animadversión entre sí. Por mi parte no soporto a los reggaetoneros,
por la simple razón que sus letras no me
llegan, me parecen misóginas, en las que convierte a la mujer en un simple
objeto sexual.
“ Lo popular es en esta historia lo excluido : los que no tienen patrimonio” Con
esta frase del texto CULTURAS HÍBRIDAS
de Néstor García Canclini, uno de los investigadores más importantes en
América Latina en lo que corresponde a
la cultura, coincide con lo
que plantea la profesora e investigadora Rossana Reguillo en su
ensayo EL LUGAR DESDE LOS MÁRGENES.
MÚSICAS E IDENTIDADES JUVENILES: “ La
música es un vínculo con las identidades, no sólo de una manera de decir el
mundo, sino y principalmente, una manera de enfrentar la incertidumbre y los “ dilemas del yo” que
a decir de Giddens ( 1995;254), se caracterizan hoy por:
a)La unificación
frente a la fragmentación,
b)La impotencia
frente a la apropiación,
c)La autoridad
frente a la incertidumbre,
d)La experiencia
personalizada frente a la mercantilización.”
Fue un 6 de julio de 1962 que un ataque al corazón se llevó a uno de los maestros de la literatura universal. Al escritor estadounidense William Faulkner .Por tal razón en este año se conmemoran los 50 años de su muerte. Este autor de obras como " La Mansión" " El ruido y la furia" o " Cartas Escogidas" ha influido de manera contundente en la obra de autores tan representativos como Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa.
Por tal razón quise compartir esta entrevista que encontré en la red y que si mi memoria no está mal la vi en un libro en Bogotá como un especial de entrevistas que hizo el Paris Review a escritores famosos que acá lo tradujeron como El Oficio de escribir.
Espero la disfruten al leerla tanto como yo.
—¿Existe alguna fórmula que sea posible seguir para un buen novelista?
—99% de talento... 99% de ... 99% de trabajo. El novelista nunca debe sentirse satisfecho con lo que hace. Lo que se hace nunca es tan bueno como podría ser. Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que uno puede apuntar. No preocuparse por ser mejor que sus contemporáneos o sus predecesores. Tratar de ser mejor que uno mismo. Un es una criatura impulsada por demonios. No sabe por qué ellos lo escogen y generalmente está demasiado ocupado para preguntárselo. Es completamente amoral en el sentido de que será capaz de robar, tomar prestado, mendigar o despojar a cualquiera y a todo el mundo con tal de realizar la obra.
—¿Quiere usted decir que el artista debe ser completamente despiadado?
—El artista es responsable sólo ante su obra. Será completamente despiadado si es un buen artista. Tiene un sueño, y ese sueño lo angustia tanto que debe librarse de él. Hasta entonces no tiene paz. Lo echa todo por la borda: el honor, el orgullo, la decencia, la seguridad, la felicidad, todo, con tal de escribir el libro. Si un artista tiene que robarle a su madre, no vacilará en hacerlo...
—Entonces la falta de seguridad, de felicidad, honor, etcétera, ¿sería un factor importante en la capacidad creadora del artista?
—No. Esas cosas sólo son importantes para su paz y su contento, y el arte no tiene nada que ver con la paz y el contento.
—Entonces, ¿cuál sería el mejor ambiente para un escritor?
—El arte tampoco tiene nada que ver con el ambiente; no le importa dónde está. Si usted se refiere a mí, el mejor empleo que jamás me ofrecieron fue el de administrador de un burdel. En mi opinión, ese es el mejor ambiente en que un artista puede trabajar. Goza de una perfecta libertad económica, está libre del temor y del hambre, dispone de un techo sobre su cabeza y no tiene nada qué hacer excepto llevar unas pocas cuentas sencillas e ir a pagarle una vez al mes a la policía local. El lugar está tranquilo durante la mañana, que es la mejor parte del día para trabajar. En las noches hay la suficiente actividad social como para que el artista no se aburra, si no le importa participar en ella; el trabajo da cierta posición social; no tiene nada qué hacer porque la encargada lleva los libros; todas las empleadas de la casa son mujeres, que lo tratarán con respeto y le dirán "señor". Todos los contrabandistas de licores de la localidad también le dirán "señor". Y él podrá tutearse con los policías. De modo, pues que el único ambiente que el artista necesita es toda la paz, toda la soledad y todo el placer que pueda obtener a un precio que no sea demasiado elevado. Un mal ambiente sólo le hará subir la presión sanguínea, al hacerle pasar más tiempo sintiéndose frustrado o indignado. Mi propia experiencia me ha enseñado que los instrumentos que necesito para mi oficio son papel, tabaco, comida y un poco de whisky.
—Usted mencionó la libertad económica. ¿La necesita el escritor?
—No. El escritor no necesita libertad económica. Todo lo que necesita es un lápiz y un poco de papel. Que yo sepa nunca se ha escrito nada bueno como consecuencia de aceptar dinero regalado. El buen escritor nunca recurre a una fundación. Está demasiado ocupado escribiendo algo. Si no es bueno de veras, se engaña diciéndose que carece de tiempo o de libertad económica. El buen arte puede ser producido por ladrones, contrabandistas de licores o cuatreros. La gente realmente teme descubrir exactamente cuántas penurias y pobreza es capaz de soportar. Y a todos les asusta descubrir cuán duros pueden ser. Nada puede destruir al buen escritor. Lo único que puede alterar al buen escritor es la muerte. Los que son buenos no se preocupan por tener éxito o por hacerse ricos. El éxito es femenino e igual que una mujer: si uno se le humilla, le pasa por encima. De modo, pues, que la mejor manera de tratarla es mostrándole el puño. Entonces tal vez la que se humille será ella.
—¿Trabajar para el cine es perjudicial para su propia obra de escritor?
—Nada puede perjudicar la obra de un hombre si éste es un escritor de primera, nada podrá ayudarlo mucho. El problema no existe si el escritor no es de primera, porque ya habrá vendido su alma por una piscina.
—Usted dice que el escritor debe transigir cuando trabaja para el cine. ¿Y en cuanto a su propia obra? ¿Tiene alguna obligación con el lector?
—Su obligación es hacer su obra lo mejor que pueda hacerla; cualquier obligación que le quede después de eso, puede gastarla como le venga la gana. Yo, por mi parte, estoy demasiado ocupado para preocuparme por el público. No tengo tiempo para pensar quién me lee. No me interesa la opinión de Juan Lector sobre mi obra ni sobre la de cualquier otro escritor. La norma que tengo que cumplir es la mía, y esa es la que me hace sentir como me siento cuando leo La tentación de Saint Antoine o el Antiguo Testamento. Me hace sentir bien, del mismo modo que observar un pájaro me hace sentir bien. Si reencarnara, sabe usted, me gustaría volver a vivir como un zopilote. Nadie lo odia, ni lo envidia, ni lo quiere, ni lo necesita. Nadie se mete con él, nunca está en peligro y puede comer cualquier cosa.
—¿Qué técnica utiliza para cumplir su norma?
—Si el escritor está interesado en la técnica, más le vale dedicarse a la cirugía o a colocar ladrillos. Para escribir una obra no hay ningún recurso mecánico, ningún atajo. El escritor joven que siga una teoría es un tonto. Uno tiene que enseñarse por medio de sus propios errores; la gente sólo aprende a través del error. El buen artista cree que nadie sabe lo bastante para darle consejos. tiene una vanidad suprema. No importa cuánto admire al escritor viejo, quiere superarlo.
—Entonces, ¿usted niega la validez de la técnica?
—De ninguna manera. Algunas veces la técnica arremete y se apodera del sueño antes que el propio escritor pueda aprehenderlo. Eso es tour de force y la obra terminada es simplemente cuestión de juntar bien los ladrillos, puesto que el escritor probablemente conoce cada una de las palabras que va a usar hasta el fin de la obra antes de escribir la primera. Eso sucedió con Mientras agonizo. No fue fácil. Ningún trabajo honrado lo es. Fue sencillo en cuanto que todo el material estaba ya a la mano. La composición de la obra me llevó sólo unas seis semanas en el tiempo libre que me dejaba un empleo de doce horas al día haciendo trabajo manual. Sencillamente me imaginé un grupo de personas y las sometí a las catástrofes naturales universales, que son la inundación y el fuego, con una motivación natural simple que le diera dirección a su desarrollo. Pero cuando la técnica no interviene, escribir es también más fácil en otro sentido. Porque en mi caso siempre hay un punto en el libro en el que los propios personajes se levantan y toman el mando y completan el trabajo. Eso sucede, digamos, alrededor de la página 275. Claro está que yo no sé lo que sucedería si terminara el libro en la página 274. La cualidad que un artista debe poseer es la objetividad al juzgar su obra, más la honradez y el valor de no engañarse al respecto. Puesto que ninguna de mis obras ha satisfecho mis propias normas, debo juzgarlas sobre la base de aquélla que me causó la mayor aflicción y angustia del mismo modo que la madre ama al hijo que se convirtió en ladrón o asesino más que al que se convirtió en sacerdote.
—¿Ofrece ventajas artísticas el componer la novela en forma de alegoría, como la alegoría cristiana que usted utilizó en Una fábula?
—La misma ventaja que representa para el carpintero construir esquinas cuadradas al construir una casa cuadrada. En Una fábula, la alegoría cristiana era la alegoría indicada en esa historia particular, del mismo modo que una esquina cuadrada oblonga es la esquina indicada para construir una casa rectangular oblonga.
—¿Quiere decir que un artista puede usar el cristianismo simplemente como cualquier otra herramienta, de la misma manera que un carpintero tomaría prestado un martillo?
—Al carpintero del que estamos hablando nunca le falta ese martillo. A nadie le falta cristianismo, si nos ponemos de acuerdo en cuanto al significado que le damos a la palabra. Se trata del código de conducta individual de cada persona, por medio del cual ésta se hace un ser humano superior al que su naturaleza quiere que sea si la persona sólo obedece a su naturaleza. Cualquiera que sea su símbolo —la cruz o la media luna o lo que fuere—, ese símbolo es para el hombre el recordatorio de su deber como miembro de la raza humana. Sus diversas alegorías son los modelos con los que se mide a sí mismo y aprende a conocerse. La alegoría no puede enseñar al hombre a ser bueno del mismo modo que el libro de texto le enseña matemáticas. Le enseña cómo descubrirse a sí mismo, cómo hacerse de un código moral y de una norma dentro de sus capacidades y aspiraciones al proporcionarle un ejemplo incomparable de sufrimiento y sacrificio y la promesa de una esperanza. Los escritores siempre se han nutrido, y siempre se nutrirán de las alegorías de la conciencia moral, por la razón de que las alegorías son incomparables: los tres hombres de Moby Dick, que representan la trinidad de la conciencia: no saber nada, saber y no preocuparse, y saber y preocuparse. La misma trinidad está representada en Una fábula por el viejo aviador judío, que dice "Esto es terrible. Me niego a aceptarlo, aun cuando deba rechazar la vida para hacerlo"; el viejo cuartelmaestre francés, que dice: "Esto es terrible, pero podemos llorar y soportarlo"; y el mismo mensajero del batallón inglés que dice: "Esto es terrible, voy a hacer algo para remediarlo".
—¿Qué porción de sus obras se basan en la experiencia personal?
—No sabría decirlo. Nunca he hecho la cuenta, porque la "porción" no tiene importancia. Un escritor necesita tres cosas: experiencia, observación e imaginación. Cualesquiera dos de ellas, y a veces una puede suplir la falta de las otras dos. En mi caso, una historia generalmente comienza con una sola idea, un solo recuerdo o una sola imagen mental. La composición de la historia es simplemente cuestión de trabajar hasta el momento de explicar por qué ocurrió la historia o qué otras cosas hizo ocurrir a continuación. Un escritor trata de crear personas creíbles en situaciones conmovedoras creíbles de la manera más conmovedora que pueda. Obviamente, debe utilizar, como uno de sus instrumentos, el ambiente que conoce. Yo diría que la música es el medio más fácil de expresarse, puesto que fue el primero que se produjo en la experiencia y en la historia del hombre. Pero puesto que mi talento reside en las palabras, debo tratar de expresar torpemente en palabras lo que la música pura habría expresado mejor. Es decir, que la música lo expresaría mejor y más simplemente, pero yo prefiero usar palabras, del mismo modo que prefiero leer a escuchar. Prefiero el silencio al sonido, y la imagen producida por las palabras ocurre en el silencio. Es decir, que el trueno y la música de la prosa tienen lugar en el silencio.
—Usted dijo que la experiencia, la observación y la imaginación son importantes para el escritor. ¿Incluiría usted la inspiración?
—Yo no sé nada sobre la inspiración, porque no sé lo que es eso. La he oído mencionar, pero nunca la he visto.
—Se dice que usted como escritor está obsesionado por la violencia.
—Eso es como decir que el carpintero está obsesionado con su martillo. La violencia es simplemente una de las herramientas del carpintero (sic). El escritor, al igual que el carpintero, no puede construir con una sola herramienta.
—¿Puede usted decir cómo empezó su carrera de escritor?
—Yo vivía en Nueva Orleáns, trabajando en lo que fuera necesario para ganar un poco de dinero de vez en cuando. Conocí a Sherwood Anderson. Por las tardes solíamos caminar por la ciudad y hablar con la gente. Por las noches volvíamos a reunirnos y nos tomábamos una o dos botellas mientras él hablaba y yo escuchaba. Antes del mediodía nunca lo veía. Él estaba encerrado, escribiendo. Al día siguiente volvíamos a hacer lo mismo. Yo decidí que si esa era la vida de un escritor, entonces eso era lo mío y me puse a escribir mi primer libro. En seguida descubrí que escribir era una ocupación divertida. Incluso me olvidé de que no había visto al señor Anderson durante tres semanas, hasta que él tocó a mi puerta —era la primera vez que venía a verme— y me preguntó: "¿Qué sucede? ¿Está usted enojado conmigo?". Le dije que estaba escribiendo un libro. El dijo: "Dios mío", y se fue. Cuando terminé el libro, La paga de los soldados, me encontré con la señora Anderson en la calle. Me preguntó cómo iba el libro y le dije que ya lo había terminado. Ella me dijo: "Sherwood dice que está dispuesto a hacer un trato con usted. Si usted no le pide que lea los originales. él le dirá a su editor que acepte el libro". Yo le dije "trato hecho", y así fue como me hice escritor.
—¿Qué tipo de trabajo hacía usted para ganar ese "poco dinero de vez en cuando"?
—Lo que se presentara. Yo podía hacer un poco de casi cualquier cosa: manejar lanchas, pintar casas, pilotar aviones. Nunca necesitábamos mucho dinero porque entonces la vida era barata en Nueva Orleáns, y todo lo que quería era un lugar donde dormir, un poco de comida, tabaco y whisky. Había muchas cosas que yo podía hacer durante dos o tres días a fin de ganar suficiente dinero para vivir el resto del mes. Yo soy, por temperamento, un vagabundo y un golfo. El dinero no me interesa tanto como para forzarme a trabajar para ganarlo. En mi opinión, es una vergüenza que haya tanto trabajo en el mundo. Una de las cosas más tristes es que lo único que un hombre puede hacer durante ocho horas, día tras día, es trabajar. No se puede comer ocho horas, ni beber ocho horas diarias, ni hacer el amor ocho horas... lo único que se puede hacer durante ocho horas es trabajar. Y esa es la razón de que el hombre se haga tan desdichado e infeliz a sí mismo y a todos los demás.
—Usted debe sentirse en deuda con Sherwood Anderson, pero, ¿qué juicio le merece como escritor?
—Él fue el padre de mi generación de escritores norteamericanos y de la tradición literaria norteamericana que nuestros sucesores llevarán adelante. Anderson nunca ha sido valorado como se merece. Dreiser es su hermano mayor y Mark Twain el padre de ambos.
—Y, ¿en cuanto a los escritores europeos de ese período?
—Los dos grandes hombres de mi tiempo fueron Mann y Joyce. Uno debe acercarse al Ulysses de Joyce como el bautista analfabeto al Antiguo Testamento: con fe.
—¿Lee usted a sus contemporáneos?
—No; los libros que leo son los que conocí y amé cuando era joven y a los que vuelvo como se vuelve a los viejos amigos: El Antiguo Testamento, Dickens, Conrad, Cervantes... leo el Quijote todos los años, como algunas personas leen la Biblia. Flaubert, Balzac —éste último creó un mundo propio intacto, una corriente sanguínea que fluye a lo largo de veinte libros—, Dostoyevsky, Tolstoy, Shakespeare. Leo a Melville ocasionalmente y entre los poetas a Marlowe, Campion, Jonson, Herrik, Donne, Keats y Shelley. Todavía leo a Housman. He leído estos libros tantas veces que no siempre empiezo en la primera página para seguir leyendo hasta el final. Sólo leo una escena, o algo sobre un personaje, del mismo modo que uno se encuentra con un amigo y conversa con él durante unos minutos.
—¿Y Freud?
—Todo el mundo hablaba de Freud cuando yo vivía en Nueva Orleáns, pero nunca lo he leído. Shakespeare tampoco lo leyó y dudo que Melville lo haya hecho, y estoy seguro de que Moby Dick tampoco.
—¿Lee usted novelas policíacas?
—Leo a Simenon porque me recuerda algo de Chéjov.
—¿Y sus personajes favoritos?
—Mis personajes favoritos son Sarah Gamp: una mujer cruel y despiadada, una borracha oportunista, indigna de confianza, en la mayor parte de su carácter era mala, pero cuando menos era un carácter; la señora Harris, Falstaf, el Príncipe Hall, don Quijote y Sancho, por supuesto. A lady Macbeth siempre la admiro. Y a Bottom, Ofelia y Mercucio. Este último y la señora Gamp se enfrentaron con la vida, no pidieron favores, no gimotearon. Huckleberry Finn, por supuesto, y Jim. Tom Sawyer nunca me gustó mucho: un mentecato. Ah, bueno, y me gusta Sut Logingood, de un libro escrito por George Harris en 1840 o 1850 en las montañas de Tennesse. Lovingood no se hacía ilusiones consigo mismo, hacía lo mejor que podía; en ciertas ocasiones era un cobarde y sabía que lo era y no se avergonzaba; nunca culpaba a nadie por sus desgracias y nunca maldecía a Dios por ellas.
—Y, ¿en cuanto a la función de los críticos?
—El artista no tiene tiempo para escuchar a los críticos. Los que quieren ser escritores leen las críticas, los que quieren escribir no tienen tiempo para leerlas. El crítico también está tratando de decir: "Yo pasé por aquí". La finalidad de su función no es el artista mismo. El artista está un peldaño por encima del crítico, porque el artista escribe algo que moverá al crítico. El crítico escribe algo que moverá a todo el mundo menos al artista.
—Entonces, ¿usted nunca siente la necesidad de discutir sobre su obra con alguien?
—No; estoy demasiado ocupado escribiéndola. Mi obra tiene que complacerme a mí, y si me complace entonces no tengo necesidad de hablar sobre ella. Si no me complace, hablar sobre ella no la hará mejor, puesto que lo único que podrá mejorarla será trabajar más en ella. Yo no soy un literato; sólo soy un escritor. No me da gusto hablar de los problemas del oficio.
—Los críticos sostienen que las relaciones familiares son centrales en sus novelas.
—Esa es una opinión y, como ya le dije, yo no leo a los críticos. Dudo que un hombre que está tratando de escribir sobre la gente esté más interesado en sus relaciones familiares que en la forma de sus narices, a menos que ello sea necesario para ayudar al desarrollo de la historia. Si el escritor se concentra en lo que sí necesita interesarse, que es la verdad y el corazón humano, no le quedará mucho tiempo para otras cosas, como las ideas y hechos tales como la forma de las narices o las relaciones familiares, puesto que en mi opinión las ideas y los hechos tienen muy poca relación con la verdad.
—Los críticos también sugieren que sus personajes nunca eligen conscientemente entre el bien y el mal.
—A la vida no le interesa el bien y el mal. Don Quijote elegía constantemente entre el bien y el mal, pero elegía en su estado de sueño. Estaba loco. Entraba en la realidad sólo cuando estaba tan ocupado bregando con la gente que no tenía tiempo para distinguir entre el bien y el mal. Puesto que los seres humanos sólo existen en la vida, tienen que dedicar su tiempo simplemente a estar vivos. La vida es movimiento y el movimiento tiene que ver con lo que hace moverse al hombre, que es la ambición, el poder, el placer. El tiempo que un hombre puede dedicarle a la moralidad, tiene que quitárselo forzosamente al movimiento del que él mismo es parte. Está obligado a elegir entre el bien y el mal tarde o temprano, porque la conciencia moral se lo exige a fin de que pueda vivir consigo mismo el día de mañana. Su conciencia moral es la maldición que tiene que aceptar de los dioses para obtener de éstos el derecho a soñar.
—¿Podría usted explicar mejor lo que entiende por movimiento en relación con el artista?
—La finalidad de todo artista es detener el movimiento que es la vida, por medios artificiales y mantenerlo fijo de suerte que cien años después, cuando un extraño lo contemple, vuelva a moverse en virtud de qué es la vida. Puesto que el hombre es mortal, la única inmortalidad que le es posible es dejar tras de sí algo que sea inmortal porque siempre se moverá. Esa es la manera que tiene el artista de escribir "Yo estuve aquí" en el muro de la desaparición final e irrevocable que algún día tendrá que sufrir.
—Malcom Cowley ha dicho que sus personajes tienen una conciencia de sumisión a su destino.
—Esa es su opinión. Yo diría que algunos la tienen y otros no, como los personajes de todo el mundo. Yo diría que Lena Grove en Luz de agosto se entendió bastante bien con la suya. Para ella no era realmente importante en su destino que su hombre fuera Lucas Birch o no. Su destino era tener un marido e hijos y ella lo sabía, de modo que fue y los tuvo sin pedirle ayuda a nadie. Ella era la capitana de su propia alma. Uno de los parlamentos más serenos y sensatos que yo he escuchado fue cuando ella le dijo a Byron Bunch en el instante mismo de rechazar su intento final, desesperado, desesperanzado, de violarla, "¿No te da vergüenza? ¡Podías haber despertado al niño!". No se sintió confundida, asustada ni alarmada por un solo momento. Ni siquiera sabía que no necesitaba compasión. Su último parlamento, por ejemplo: "No llevo viajando más que un mes y ya estoy en Tennesse. Vaya, vaya, cómo rueda uno". La familia Brunden, en Mientras agonizo, se las arregló bastante bien con su destino. El padre, después de perder a su esposa, necesitaba naturalmente otra, así que se la buscó. De un solo golpe no sólo reemplazó a la cocinera de la familia, sino que adquirió un fonógrafo para darles gusto a todos mientras descansaban. La hija embarazada no logró deshacerse de su problema esa vez, pero no se descorazonó. Lo intentó nuevamente, y aun cuando todos los intentos fracasaron, al fin y al cabo no fue más que otro bebé.
Confieso que no tenía muchas expectativas acerca de esta película. Pero al salir de la sala me encantó. VALIENTE cuenta la historia de Mérida, una princesa escocesa que lucha por no sucumbir a los designios de su madre quien desea convertirla en una dama de finos modales. Ella sueña con ir a la batalla como su padre, por tal razón le pide a una anciana bruja que le prepare un hechizo para que su madre cambie. Pero lo que logra es convertir a la reina en una osa gigante. De ahí en adelante los conflictos no se hacen esperar y la aventura que tiene que vivir Mérida para deshacer el encanto fortalece la relación madre e hija.
Aunque aparentemente el público objetivo de esta historia sean chicas adolescentes, me pareció que es una buena apuesta por el mensaje que deja alrededor de los valores familiares. Aquí la valentía se trata de tomar decisiones en la vida que sean honestas. Nosotros a la final somos los que sabemos lo que deseamos en nuestra existencia y depende de esa convicción tomamos las determinaciones que en ocasiones nos confrontan con nuestra familia y ejemplos en la vida cotidiana hay muchos: el chico que decide ser artista contradiciendo el sueño de los padres quienes ven en su hijo a un alto ejecutivo, o la persona que sale del clóset y se enfrenta a los comentarios de una sociedad pacata e hipócrita. En fin para ser valiente no se necesita sólo de un arco o una flecha. Para ser valiente se necesita creer en uno mismo.
Sí, por fin la vi. Y no niego que la escena con que arranca es enganchadora. El sólo escuchar esa voz cavernosa de Bane me atrapó. Jamás me cansaré de repetir que Cristopher Nolan es un maestro a la hora de contar historias.
Sin embargo no niego que esta entrega no supera a la anterior. Tiene una trama interesante y los puntos de giro junto con las revelaciones hacen que uno como espectador se sorprenda. Pero al final me queda la sensación que Nolan se contradice con algunas de sus declaraciones en las que expresa que esta es la última entrega de la trilogía. ¿Será que de ahora en adelante quien sigue con el legado es Robin?
Quiero confesar que no me las quiero dar ni de crítico ni mucho menos de mala leche. Pero ayer me fui a ver la película colombiana "Sanandresito" que está catalogada dentro del género de comedia dramática. Es la ópera prima del director Alessandro Angulo y entre el reparto de actores se encuentran:
Andrés Parra ( Agente Wilson Tenorio), Verónica Orozco ( Agente Fanny), Jimmy Vásquez ( Félix Heredia), Felipe Botero ( Agente Plata), Fabio Rubiano( Coronel Salas), Víctor Hugo Morant ( Peinado), Carolina Acevedo ( Tatiana), Kateherine Vélez (esposa del agente Wilson), Rodrigo Candamil ( Jeremías Ladino), Daniel Rocha ( el cinéfilo), entre otros.
La historia inicia en el instante en que Félix ( Jimmy Vásquez) irrumpe, en lo que al parecer es una bodega abandonada, y con un arma de fuego busca a un policía. Después aparece el Agente Wilson Tenorio y ataca generando un forcejeo entre estos dos personajes. Cuando Tenorio se ve acorralado le ruega que no le haga daño al tiempo que le confiesa que él no ha matado a nadie. Hasta ahí no sabemos nada de la historia hasta que nos transportan por medio del flashback a la vida de ese policía gordo y coqueto que aprovecha su rango para adquirir desde unas gafas Rayban hasta unas cuantas películas piratas.
Después descubrimos que tiene como novia a la sargento Fanny ( Verónica Orozco), quienes son víctimas de un asalto a mano armada en el que se roban una camioneta en la que aparece el cadáver de Tatiana, ( Carolina Acevedo), quien además era la novia de Félix.
A Tenorio lo incriminan por el delito y lo meten preso, pero gracias a la ayuda de su novia logra escapar para buscar las pistas que lo lleven a encontrar a los verdaderos culpables y así recuperar su cómoda vida. Al final nos damos cuenta de gags que ya son evidentes por las mismas reglas que tiene el género y también, creo,por la falta de rigor en la escritura del guión, al no jugar con las técnicas narrativas.
Salí de la sala con una desazón. Y es que me pareció que aprovecharon la buena imagen del actor Andrés Parra, por su interpretación de Pablo Escobar, para promocionar la peli. De igual manera me molestó la utilización del lenguaje soez y el humor ramplón. Me pareció una fórmula muy similar a las que usa Dago García y es plantear el lenguaje de la televisión en el cine y creo que no me equivoco al conocer que el Canal Caracol está detrás de la promoción de esta producción nacional.
Al ver esta película recordé mis intentos frustrados por crear una novela policíaca con un detective criollo de características muy similares: gordo, un poco tonto y de buenas con las mujeres bonitas. La mía era la sincera intención de burlarme del género y confieso que no fue fácil, de ahí que abandoné ese proyecto para arrancar uno nuevo. Por tal razón reitero que no me considero un crítico porque ellos son aquellos frustrados que no han podido hacer nada y al menos yo tengo una novela que terminé y que si quieren leerla queridos lectores la encuentran en San Google con el nombre: Me llamo Morris.
PD: Espero lean este post y ojalá también la novela.
Reitero que soy un seguidor de las películas de Super Héroes. Me gustó mucho la de los Avengers, pero ayer decidí internarme a una sala de cine a verme El Sorprendente Hombre Araña. Para serles sincero salí un poco decepcionado. No me pareció interesante que me repitieran la historia de la muerte del tío de Peter Parker, pero lo que más me molestó fue la inclusión del nuevo villano. A ese lagarto se le notaban las costuras, es decir, cuando hablamos de costuras entre escritores significa que se ven los trucos, y la verdad más me asustaba Montoya, una especie de ave gigante en Plaza Sésamo o el largarto Juancho de HANNA BARBERA, que ese reptil "marionetizado" digitalmente. Se supone que una de las reglas básicas de los héroes es que los antagonistas sean aún más poderosos, para la muestra un botón, Heath Ledger con el Guasón, pero este personaje del reptil termina siendo plano.
No sé si es un prejuicio, pero la interpretación de Andrew Garfield como Peter Parker, lo único que rescato de este actor es su similitud en el apellido con el famoso gato. Tampoco entendí muy bien el personaje de Gwen Stacy, la novia anterior a Mary Jane, interpretada por Rhys Ifans. Ya habíamos visto sufrir al pobre Parker por la quien se convertiría en su futura esposa, para que además le añadamos esta historia de amor imposible, debido a la promesa del final.
Pero bueno tampoco todo es malo. Me encantó la fotografía de la peli, el nuevo traje que no sé por qué lo hacía ver más real y algunos diálogos que recalcaban el conflicto interno al que estaba sometido Parker.
Por ahora estoy ansioso de ver la nueva entrega de Batman y por este blog les estaré contando.
En varias ocasiones he escuchado que la definición de redactar es organizar las ideas. Y es por eso que me he dado a la tarea de seguir garabateando en el papel, cualquier relato que me pueda servir para una futura historia.
Ahora en estos tiempos en que el estrés del trabajo se conjuga con los conflictos con la pareja y la familia he tomado la decisión de asistir al psicólogo. Claro que no estoy loco, pero a lo mejor estoy a punto de convertirme en aquello que tanto temo.
Uno de los ejercicios que me han recomendado en la terapia es escribir acerca de quien soy y qué deseo en la vida. Asunto complicado para aquel que ha leído al maestro Estanislao Zuleta quien manifiesta que nuestra desgracia no está tanto en la frustración de nuestros deseos, como en la misma forma de desear. En definitiva concluye que deseamos mal.
Esa fue una de las razones por las que apareció en mi cerebro la primera pregunta: ¿ Por donde arrancar? Fueron horas pensando en la jerarquía de ideas. No crean, no es fácil enfrentarse a la página en blanco y la incertidumbre es mayor si quien toma el lápiz en la mano tiene que trazar un derrotero, cuando se siente hundiéndose en un remolino en pleno Río Cauca. El tic tac del reloj de pared amenazaba con desesperarme. Además sobre el escritorio una figura de acción de un soldado de la Guerra de las Galaxias me apuntaba con su pistola láser. Era como si estuviera diciéndome: ¡Ehy arranca!
Miro el reloj que marcan las diez y media de la noche indicándome el deceso de un domingo aletargado.
Hago un esfuerzo para recordar la mañana en que tomé la determinación de pedir ayuda. Sí ,yo también era de los que pensaba de que ir al psicólogo era para locos. Cuando ingresé por primera vez al consultorio comencé a sudar frío y las piernas me temblaban. Después de una larga diatriba contra las relaciones de pareja insanas logré lo que quería y encontré ese punto de catarsis que amilanó la rabia y el rencor.
Pero lo importante fue lo que escribí así que aquí se los entrego:
Ser o no ser , esa es la cuestión, como lo hubiera dicho un personaje de la dramaturgia universal. Tranquilos, no sufro de pretensiones como muchos artistas, mi talento no alcanza ni para que me consideren un Chespirito Outsider.
Soy consciente de que en aspectos como el espiritual estoy en saldo rojo. Y ni que hablar de mi figura en la que predomina la flacidez de mi abdomen y una dentadura más parecida a las torres gemelas después del atentado. Mi estatura está cercana a la de un pigmeo y las uñas, tanto de mis manos como los pies se asemejan a las de un ser de ultratumba. Soy poco inteligente y he fracasado en casi todos los aspectos de mi vida. En conclusión: no soy feliz.
Miro de nuevo el reloj, son las doce de la noche. De nuevo vislumbro al soldado, el tropper de Star Wars que me intenta decir: " Ehy a dormir que mañana hay que madrugar". Sin embargo el sueño continúa díscolo.
Apago la luz y de repente van apareciendo una a una las ovejas, saltando por el cerco: " Veeeeeee, Veeeee, Veee.... zzzzzzzzzz....
Sí, el fin de semana tuve la oportunidad de ver la tan esperada película: Los Vengadores. Confieso que llenó mis expectativas. Al inicio una sensual Natasha Romanov ( Scarlett Johansson) le propina una paliza a sus captores para cumplir la misión otorgada por SHIELD: viajar hasta La India para reclutar al Dr Banner convenciéndolo que se una al proyecto de LosVengadores.
Posteriormente descubrimos a un típico Playboy, engreído y con un humor ácido conocido como Tony Stark ( Robert Downey Jr), a quien le interrumpen la velada con su hermosa asistente ( la despampanante actriz Gwyneth Paltrow). De igual manera vemos a un musculoso Capitán América dándole puños a un saco de arena, como si estuviera matando moscas, hasta que el espía Nick Fury ( Samuel L. Jackson) lo interrumpe. Más adelante aparece Thor ( Chris Hermsworth) con su rubia melena y capa roja, pero la mejor de todas es la apoteósica presencia de Hulk, quien le genera un ritmo trepidante a la narración. De Hawkee (Jeremy Renner) sabemos que es hipnotizado por Loki y es sólo hasta casi al final de la historia que gracias a un golpe en la cabeza, propinado por la Viuda Negra, retoma su consciencia y se une al equipo de super héroes.
Al final nos encontramos con una batalla impresionante. Combate entre alienígenas y estos seres tan terrenales, que a pesar de sus temperamentos disímiles, logran complementarse hasta obtener los mejores resultados.
Sin embargo algunos aspectos no me gustaron como fueron el traje del Capìtán América. Me sentí como viendo al Batman de los años de Adam West. Me pareció ridículo, a comparación de la caracterización de los demás personajes. Tanto que hasta este Hulk fue mejor diseñado que las de sus anteriores versiones. Tampoco me simpatizó el actor que escogieron para interpretar al Dr. Banner. ( Mark Ruffalo). Me quedo con Erick Bana o Edward Norton. Ni los gags de humor, por cierto muy gringos, me parecieron que sobraban. Por otra parte me pareció un gran aporte el discurso político que se jala ese viejo que no se arrodilla ante la majestuosidad de Loki. Cuando leía los subtítulos de esa escena en que un semidios le recrimina a la especie humana su ineptitud por siempre querer ser gobernados, sólo uno se atreve a frentear la situación. Ese pedazo me remitió a un ensayo de Estanislao Zuleta titulado "El elogio a la dificultad" en la que expresa: " Dostoievski entendió, hace más de un siglo, que la dificultad de nuestra liberación procede de nuestro amor a las cadenas. Amamos las cadenas, los amos, las seguridades porque nos evitan la angustia de la razón".
Y si la pregunta es si valió la pena la espera, para un fan de figuras y de cómics ha sido uno de los mejores regalos que ha recibido este año. Vayan a verla, les aseguro que no se arrepentirán.
En Semana Santa retomé la novela Los vivos y los muertos del escritor boliviano Edmundo Paz Soldán. De él conocía poco, sólo lo que había leído en el blog literario de Santillana: Boomerang. Confieso que fue uno de esos libros que arranqué pero interrumpí. La causa no la recuerdo en este momento. Supongo que tiene que ver con aquella frase que he escuchado de que los libros, como los amores, llegan en el instante preciso.
El libro lo abre una epígrafe del Nobel ORHAN PAMUK, extractado de su novela Nieve: "Si hubiera sido el principio de un poema, habría llamado a lo que sentía en su interior el silencio de la nieve". Abajo lo acompaña otro epígrafe: " EYE CONTACT was my downfall de JOYCE CAROL OATES de su novela Zombie.
En la página siguiente nos encontramos con el monólogo de tim, un joven apuesto al que todas las chicas se mueren por él y por su hermano gemelo Jem. En cada capítulo cada personaje nos va revelando información ,convirtiendo esta obra en una polifonía de voces. En este primer capítulo se nos revela que los dos intercambiaban a las chicas, a pesar de que tenían temperamentos distintos, tim era tímido mientras que Jem era el típico joven popular norteamericano, sólo una chica se entera de la estrategia. A medida que la tensión dramática avanza nos enteramos que esos dos personajes fallecen. Sin embargo los demás personajes: amanda, quien es la única en salir con vida de Madison, ese pueblo infernal en el que los adolescentes perecen como en esas películas de horror tipo B, webb, el hombre de familia que desahoga toda su frustración de un matrimonio aburrido al enterrar viva a su vecina Hanna, una joven a quien solo le obsesionaba ser la mejor cheerleader de su escuela, yandira, compañera de Hanna quien termina violada y descuartizada por el señor webb. Junior, el hijo del asesino quien termina por dar información relevante para la captura de su padre y daniel, un periodista que se toma a pecho la investigación al tener una cercanía con el padre de una de las víctimas, también participan en ese repertorio de historias que conforman esta novela.
Tomando en cuenta que es una novela corta (206 páginas), contiene una información que se adapta a estos tiempos y me atrevo a decir que le puede interesar a un joven de esta época, catalogada como crítica en el ámbito de la lectura.
Desde referentes a los blogs, correos electrónicos, series de televisión y marcas de productos son los ingredientes que hacen las delicias de la narración. Para dar algunos ejemplos me gustaría que leyeran algunas frases: "Hannah quería ver Smallville, le encantaba Tom Welling, ¡ es el hombre más bello del planeta! A mí me gustaba Kristin Kreuk, había algo en la forma en que el pelo lacio le caía por el rostro, y esa mirada tan tierna y dura a la vez." U otra como : " Hanna había abierto una Corona y la tomaba junto a una pint de Ben & Jerry`s, Chocolate Chip Cookie Dough.
Que combinación le dije."
Los vivos y los muertos es una novela que recomiendo leer. Me pareció curioso la utilización del lenguaje de los peronajes, por ejemplo tim se expresa de esta manera: " La luz del semáforo está en rojo. El cielo gris, encapotado, opresivo, parece a punto de deshacerse sobre nuestras cabezas". No sé, me parece que así no hablaría un joven recreando el ambiente en un semáforo. Pero tengo más ejemplos. Miren como describe amanda: " Es un martes frío y ventoso, más desolado aún gracias a las torpezas de la banda del colegio, incesantes en sus acordes lastímeros. Pinos altos y despelechados nos vigilan desde los costados, centinelas incólumes que han visto hasta el cansancio a vuiuas nerviosas a punto de tirarse sobre el féretro..."
A pesar de que el autor intenta procurarnos escuchar cada una de las voces, que lo logra, en ocasiones siento que se entromete la voz del autor y no la del personaje. Será preguntarle al escritor.
Al final nos encontramos con la recomendación del Nobel Mario Vargas Llosa que expresa : " Entre los nuevos autores latinoamericanos, la voz de Edmundo Paz Soldán es una de las más creativas." Acompañada de la del escritor peruano Fernando Isawaski que concluye con una frase como sacada de un slogan publicitario: " En la literatura boliviana, el boom es Edmundo".
El viernes asistí al estreno de Porfirio, la película del director colombo - ecuatoriano Alejandro Landes. De la cinta tenía algunos referentes: había leído una entrevista en donde se contaba cómo se realizó la escritura del guion y la realización del rodaje.
De Porfirio Ramírez sabía poco, solo tenía un fugaz recuerdo de su figura como el "aeropirata". Sin embargo ese hecho pasa a segundo plano en la cinta, debido a que lo importante es la vida monótona que lleva este hombre en su silla de ruedas.
Confieso que la imagen en la que él hace sus deposiciones en el patio trasero de la casa, que utilizaron como escenario, me impactó, me sentí incómodo al presenciar ese acto escatológico. Después la narración se tornó lenta, pasmosa como si uno como espectador rumiara la vida de un hombre que se caracteriza por tener una existencia contemplativa: Ver televisión o pasarse de una cama a sentarse en la fachada de la vivienda para ver como pasa el tiempo, como si fuera un pasajero más del paisaje.
Casi a mitad de la historia es que aparece un punto de giro y es cuando nos enteramos de la desesperación por un dinero que el protagonista, a raíz de una promesa del gobierno,espera. Desde ese instante observamos a un Porfirio más temerario, con una firme decisión que la mayoría ya conoce.
Me gustó que Landes no se fue por lo obvio de mostrar de manera explícita el secuestro del avión. Utiliza de manera magistral el recurso narrativo de la elipsis para hacernos entender que ese acontecimiento aparece solo al final a través de la canción que canta el mismo personaje. Los diálogos son frescos, cotidianos, los encuadres y la puesta en escena es limpia, como la escena en que Porfirio está haciendo el amor con su compañera sentimental: Jasbleidy. De igual manera se plantea una relación fraternal entre Porfirio y su hijo, ( que lo es en la realidad).
Recomiendo esta película porque se sale de los clichés narrativos de Hollywood y porque confirma que las películas que se hacen en Colombia son de calidad, no por nada fue ovacionada en los premios del Festival de Cine de Cartagena ,entre otros a nivel internacional.
Este fin de semana tuve la oportunidad de asistir a las salas de cine a ver el documental APAPORIS, del director caleño Antonio Dorado. Quedé estupefacto al presenciar no sólo los hermosos paisajes que nos ofrece la fotografía de esta producción, sino también una narración impecable debido al montaje de Mauricio Vergara.
Adentrarse en ese universo exótico, como lo es el Amazonas, es casi igual a sumergirse en un planeta y observar el comportamiento de una raza alienígena, cual película de James Cameron, con mensaje ecológico incorporado. Escuchar esas lenguas aborígenes de los nativos de la región y percatarse que esta producción se inspiró en el libro El Río del profesor Richard Evans Shulter, quien hace más de sesenta años visitó esas tierras y se dedicó alrededor de una década a estudiar a profundidad esa cultura, es todo un placer para los sentidos.
Es conmovedor como uno de los indígenas de la edad de 91 años reconoce en una de las fotografías a su hermano al igual que all profesor. Y también ver como una pájaro es revivido tras ser cazado por un aborigen con su servatana la cual contenía curare.
Mejor dicho no les cuento más y vayan a verla y ¡que viva el cine colombiano Juepucha!.