29 enero, 2015

MI CALLE.

Hoy me senté en el antejardín de la casa en plena avenida octava con  cuarenta y seis en el barrio El Bosque  al  norte de la ciudad,  lugar que  he habitado la mayor parte de mi vida. Un árbol de aguacate protege la vivienda del sopor de la tarde. Mientras la brisa refresca mi cuerpo, observo como los chicos de una escuela pública transitan con cierta parsimonia, otros más apurados se desplazan como pasajeros en motocicletas de “piratas” que a falta de parches y pata de palo, cargan su casco y sus gafas oscuras en los días de sol. En el resto de la tarde la  podría describir como una calle tranquila.
La calle como tal es inclinada. Desemboca en un puente que sirve como frontera entre el Bosque y La Campiña. Ahora han instaurado a unos policías  bachilleres que se la pasan coqueteándole  a las muchachas que  transitan el sector. 
Esta calle también la recorre Don Néstor, un sexagenario que hace las  veces de celador. Él con su traje azul celeste y su desvencijada bicicleta recorre de manera pausada toda una manzana. La primera vez que lo vi pasar,  escuché una canción del Charrito Negro y la segunda vez  un  locutor con voz engolada le toma el pelo a una  oyente y le hace insinuaciones con doble sentido. El pobre Néstor ni se inmuta, en su rostro veo una mirada triste, como si fuera un zombie.
Lo que antes fueron  casas amplias, ahora en su mayoría son edificios con personas que ya ni siquiera conozco. A lo lejos alcanzo a escuchar el pregonar de la negra Carmen. En cuestión  de minutos ella aparece con sus uno setenta de de estatura, su toalla amarrada en la cabeza, que le sirve para apoyar su platón y una  potencia en la voz que emite con su particular : ¡ Aguacaaatre!
También evoqué las tardes en esa calle en donde aprendí a montar bicicleta. Esa Arbar plateada fue el Bucéfalo o el Rocinante que me enseñó, cada vez que perdía el equilibrio,  a conocer como sabe el pavimento.
En este antejardín mi padre pasaba sus tardes llenando crucigramas, saludando a cuanta persona pasara. Hoy yo estoy ocupando su lugar. Sentado en un muro, esperando probablemente que la parca también pase por mí.