16 febrero, 2011

RUTINAS II

Hoy me levanté temprano como todas las mañanas. En esta ocasión tenía en la cabeza una idea firme: Escribir. Ayer todo resultó positivo. Mi tutor no sólo hizo buenos comentarios de mi novela, sino que además se comprometió a trabajar conmigo para lograr mi meta:  Llegar a ser declarada tesis meritoria. 

Mientras espero a que el computador vaya cargando sus programas, abro la ventana. En el parque, que queda al frente de la casa, observo como un hombre se protege del frío bajo una carreta de madera arropado con una bolsa plástica. Algunas torcazas lo observan al tiempo que picotean en el prado para desayunar. El firmamento está opaco, sin rastro de un rayo de sol que aumente la temperatura en la capital. El tráfico de personas es reducido, contrario a los vehículos que transitan por el sector. Algunos niños caminan parsimoniosos con sus uniformes colegiales a cumplir con sus deber escolar. Mientras tanto me concentro para escribir la primera frase que me de el rumbo de esta nueva expedición.

15 febrero, 2011

RUTINAS

Me levanto temprano. Sé que debo cumplir con la rutina de la lectura matutina, que no sólo alimenta mi mente, sino también mi espíritu. Abro la página que dejé señalada desde el fin de semana. En cuestión de minutos me dejo llevar por la historia de una modelo que se suicidó en Medellín en la época en que Pablo Escobar dejó huella en una urbe aterrorizada por bombas y asesinatos a mansalva. Su autor es  con quien en algunas horas me reuniré para realizar una tutoría de mi ópera prima. No dudo que siento cierta expectativa por lo que me va  a corregir. Por cada segundo que pasa, siento una palpitación que me hace sentir como si mi corazón se me fuera a salir por la boca.

Tomo una pausa en la lectura para desayunar. Como casi siempre me encuentro con un pedazo de pan, huevo, bien sea frito o revuelto, una taza de café o chocolate y un vaso de jugo o una pequeña porción de gelatina. En algunas ocasiones comparto el comedor con otro integrante de la pensión. Esta vez afortunadamente fue John, un pastuso de unos veintitres años, alto y de contextura delgada, a quien  le interesa conversar sobre uno de mis temas favoritos: el cine. 

Al regresar a mi habitación le pido a mi pareja que me colabore con la entrega de la toalla y el shampoo. Al rato me acicalo y me siento frente al computador para mirar mis correos. Decido buscar mi blog. Leo un poco. Ya se acerca la hora del encuentro. Enciendo el equipo en donde escucho el coro de  la nueva canción de Dr Krápula: Eres solecito de mañana / se coló por mi ventana / calentó toda mi alma/ y alumbró mi corazón/...

10 febrero, 2011

ESCRIBO PORQUE LEO.

Hoy desperté con una idea clara en mi cabeza: leer el libro que apenas saqué ayer de la biblioteca. Apenas despunta el segundo mes de este año y ya mis rutinas literarias se acrecientan. Pensé tomarme unos meses de descanso, pero una jugada del destino me obligó a persistir con la idea de pulir mi ópera prima. 

Para quienes me conocen saben que no soy tan obsesivo. Sin embargo cada vez me sorprendo al descubrir mi altos grados de obstinación cuando un ciclo no se cierra de manera óptima en mi caótica vida. Así que ahora se han unido a mi cabeza dos nuevos retos: leer de manera obsesiva  y dedicar largas horas de estos tres meses a  la escritura de un género que algunos conocen con el nombre de novela. 

Aspiro que la decisión de cambiar de tutor aporte oxigenación a mi narrativa  y que en el mes de mayo pueda estar contándoles las buenas nuevas.