28 julio, 2014

CALICULTURA.





En las calles de esta urbe tropical escucho a sus habitantes quejarse porque en La “Sucursal del Cielo” no hay cultura. Algunos osados se han ensañado en  compararla con latitudes como Bogotá, Medellín o la misma Cartagena.
Sin embargo me entero por algunos medios de comunicación que  está en pleno furor un Festival de Salsa, que además el director de cine  Óscar “ Papeto” Ruíz, está próximo a exhibir en salas de cine su película  “ Los Hongos” y que grandes exponentes de nuestro folclor están en el exterior mostrando una cara amable de Cali. Entre ellos se destacan: Esteban Copete con su Kinteto pacífico, que  se fueron de presentación a Washington o Herencia de Timbiquí que arrancan una gira por Europa.
Pero no solo el trabajo de los artistas mencionados con anterioridad  es relevante en nuestra región, descubro que atrás de ellos están emergiendo nuevos talentos que experimentan con diversos géneros  y puestas en escena como ocurre con la Percumotora y la  Sonora por Señas.
Las dos emplean un  mecanismo  novedoso. En el show ellos no sabe que puede pasar, todos los músicos están  a la expectativa de un código de señas que el director les transmite, para así generar un ambiente de  espontaneidad. El valor agregado que tiene  la segunda agrupación es que incluye la participación del  público al que deciden  denominarlo “cómplices”.

Así querido lector  le aconsejo que deje a un lado el “Calibalismo” y se acerque a leer la programación cultural de la ciudad para que la disfrute, al igual que yo,  y así mismo riegue la bola para cimentar una imagen positiva de nuestra región.

14 julio, 2014

CARGANDO MI CRUZ.




Mujeres con  piernas  torneadas, pechos firmes y  piel tostada por el sol  son algunos ingredientes que galardonan las  constantes subidas que estoy realizando al cerro de las tres cruces.   Sin embargo, aunque no lo crean, mi motivación  es otra: mejorar mi estado físico.
Desde hace años los resultados de mis chequeos médicos no han  sido favorables. Cada galeno esgrime una queja por mí desparpajada manera de vivir: consumo de  alimentos altos en grasa saturada, harina y poco ejercicio. Algunos se han atrevido a indagar si quiero seguir con vida.
Ante tanta presión decidí aprovechar la  temporada de  vacaciones, y una tusa tenaz, para lanzarme a la aventura de caminar  casi a diario por diversos senderos que desembocan en el reconocido lugar.
Desde eso de las siete y media de la mañana me apero de gorra, camiseta, bermuda, doble media, para evitar las ampollas, y zapatillas cómodas. El sol por esta temporada azota con sus brazos como látigos de fuego. Por tal razón, en ocasiones me aplico protector.
Como muchas actividades en la  vida lo  más  duro consiste en  arrancar. Así que toca armarse de fuerza interior y gritar, así sea en mi cabeza:  ¡Vamos tú puedes, eres un guerrero!  Para los más audiovisuales pueden encerrarse a mirar una maratón de ROCKY  todo el domingo y arrancar un lunes.
En el recorrido se topa uno con gran diversidad de pájaros de distintos colores y trinos. De igual manera el trayecto es auspiciado por una sinfonía de chicharras que te otorgan cierto ritmo al  caminar.
En algunos tramos me doy licencia para trotar. Sin embargo es tal la empinada que tengo que parar al sentir que mi corazón se  transforma en un instrumento de  percusión.
Mi ilusión se resume en que en la cima me espera un vaso desechable con sumo de zanahoria, por la módica suma de tres mil pesos. Así que al llegar, agitado, me recibe uno de los vendedores que aunque sabe que voy a pedir, pregunta:
-       Quiubo patrón ¿qué le sirvo?-

 Lo importante del asunto es que me consienten, porque me dan crédito.
Unas escaleras me llevan  a un gimnasio improvisado junto a las cruces imponentes que otean la urbe. Allí entre barras, pesas de cemento, y tablas para hacer abdominales, se reúnen infinidad de personas de distintos estratos sociales, razas, lenguas  y culturas para rendirle culto al cuerpo.

Algunos se toman las barras para hacer malabares, brincan, dan volteretas en el aire, no solo para enseñar sus músculos trabajados sino para utilizar su destreza física como estrategia de conquista. Al ver este espectáculo asocio esas imágenes con la de los monos en mis visitas al  zoólogico, que hacen alarde de su indudable   agilidad motriz  para llamar la atención de las  féminas.

Al final decido emprende el descenso, no  sin antes  constatar que mi “ mal humor”, consecuencia de mi excesiva sudoración,  me  convierte en un lobo estepario entre la  multitud.



11 julio, 2014

OLORES.

Mis despertadores se aglutinan. Por un lado es el pequeño halo de luz que se filtra por la cortina de mi ventana, como el chico que se colea en la fila de la  cafetería del colegio, y por el otro está el  ruido en la cocina. Sí, en mi casa mi madre es la primera que se levanta, su obsesión aséptica la obliga a limpiar cada recoveco de ese espacio culinario con vinagre.  Cada que llega esa  fragancia se dispara en mi memoria una secuencia de imágenes de mi niñez, relacionando esa fragancia con una sensación de amargura, porque me obligaron a ingerir esa bebida aceitosa, parar  mitigar el incesante dolor de estómago. Confieso que aunque surtía efecto, para mitigar el  malestar, sembró en mí cierta  repulsión.
 En cada mañana mi misión  consiste en preparar el  jugo de  naranja. Así que  el recinto queda  impregnado de esa  fragancia  cítrica  que explota con cada exprimida y que en ocasiones salpica a mi madre.


Sin embargo al avanzar el día, el sopor se acrecienta y aquellos humores plácidos, a lociones dulces que ella se aplica para salir a sus diligencias, a su llegada  se transforman en un olor similar a las bolitas de neftalina que ubicamos en los armarios.