06 diciembre, 2007

El poder de la palabra.

Una sola expresión, una sola frase, puede darle un cambio de 180 grados a un sínnumero de sensaciones que se encuentran agazapadas en el pecho y otras en la mente, dispuestas a ser pronunciadas por unos labios imprudentes que no tienen reparo en equivocarse.


La palabra puede convertirse en el dedicado jardinero de una floreciente relación o en el verdugo que marchita los latidos y los sueños de un corazón enamorado que va a toda prisa y sin pedir permiso.


La unión de diferentes sílabas que fonéticamente producen un significado, en muchas ocasiones trasmiten un sentido contrario a lo que querías expresar y es ahí cuando te preguntas, ¿Por qué dije esto o aquello?.


Las palabras son ese ejército de soldados que se toman de las manos para fustigar los inconscientes de cabezas receptoras y así producir las guerras más tontas. Son esa bara que te sostiene de la cuerda floja, pero que al quebrarse acaba con todo un esfuerzo de largas horas por construir una armonía entre dos seres.
Ya entiendo el porque el silencio es de los sabios.

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